ENTREVISTA

Miguel Ángel Pichetto: “Ningún cargo debería superar los dos períodos”

El exsenador nacional y candidato a vicepresidente de Mauricio Macri se declaró en contra de la “judicialización de la política” y afirmó que el cambio recurrente en las reglas de juego electorales genera una “mala calidad institucional”. Por Juan Pablo Carranza

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Miguel Ángel Pichetto considera que en las elecciones del 14 de noviembre pasado el mensaje fue claro. “Se empezó a caer eso de que es bueno ser pobre, que con los planes se contiene y con eso se logra una clientela electoral que permite ganar elecciones”, asegura.

Para el expresidente del bloque de Senadores del Frente para Victoria (FpV) y actual miembro de Juntos, el debate coyuntural sobre la reelección de los intendentes encierra una discusión de fondo sobre la composición de lo conurbano bonaerense y sus estructuras. 

-¿Cómo ve la intención de algunos intendentes de la provincia de Buenos Aires, principalmente del conurbano, de buscar un tercer mandato consecutivo?

-Entiendo que la democracia implica la alternancia. Los plazos no pueden ser indefinidos. Indudablemente dos períodos de manera consecutiva son suficientes. Ese es el espíritu de la Constitución cuando fija los límites del mandato del Presidente. Ese eje de cuatro años más otros cuatro años no debería ser sobrepasado por ninguna norma o resolución de los consejos deliberantes. Después, está la discusión jurídica de los municipios de la Provincia de Buenos Aires respecto a la vigencia de la ley que establece este concepto, que se dictó en 2016 y que tiene un carácter retroactivo y tomó como primer período el que va de 2015 a 2019. Acá hay un debate, que puede traducirse en recursos judiciales para definir a partir de cuándo se considera el primer período. El argumento de los intendentes es que no puede ser retroactiva la norma. No me voy a meter en ese andarivel porque esto es materia de la Justicia y también de carácter político, porque la Legislatura de la Provincia podría hacer una ley interpretativa. Mientras no lo hagan, tienen limitado el acceso.

-¿De qué calidad institucional hablamos si se rediscuten las reglas de juego permanentemente?

-Es de mala calidad. Creo que hay que seguir siempre el espíritu de la Constitución para todos los cargos. Entonces, ningún cargo debería llegar a superar en el tiempo dos períodos. Habría que cumplir con el principio elemental que rige para el Presidente y que debería regir para los cargos municipales y las provincias. Pero acá entran a jugar las constituciones provinciales donde cada una es un estado federal que se da su propia constitución y establece sus reglas y algunas fijan mecanismos de reelección indefinida. 

-¿Qué significa que la Justicia tenga que resolver este tipo de contradicciones?

-En este caso debería terminar en el ámbito de la Corte de la Provincia de Buenos Aires, si finalmente se llegara a una instancia judicial. La política judicializa las cuestiones. Tampoco me gusta la politización de la Justicia. Son dos caras de la misma moneda. Me parece que no son convenientes.

-El debate sobre la re-reelección es una discusión de poder real porque son intendentes fuertes...

-Son muy fuertes. Hay partidos que superan en número la población de una provincia argentina. La Matanza tiene millones de habitantes, Lomas de Zamora, más de un millón. Son casi mini-Estados. Son importantes en términos de poblaciones y de recursos. 

- Recientemente se volvió a plantear la división de la provincia de Buenos Aires para mitigar su impacto electoral...

- Lo que hay que mitigar en la provincia de Buenos Aires es el impacto migratorio. Hay que tener una Dirección Nacional de Migraciones que funcione y que ordene la inmigración de los países limítrofes. No podés permitir que se sigan sumando pobres al cordón de pobreza extrema del conurbano bonaerense y que crezca de manera exponencial todos los años. No estoy haciendo ninguna consideración despectiva para los latinoamericanos que quieran venir a la Argentina. Pero si vos tenés una organización migratoria, deberías distribuir a los inmigrantes en los distintos lugares del país y habría que analizar el tema de las profesiones y las calificaciones laborales. No se debería permitir que sea de libre albedrío y crezca de manera desproporcionada. Es cierto que la Capital es un atractivo. El presidente acaba de hacer un anuncio sobre (el traslado de) la Capital. En su momento (Raúl) Alfonsín planteó (llevarla a) Viedma. La Patagonia es casi el 55% del territorio argentino y tiene el 6% de la población. Algo estamos haciendo mal en términos de la concentración urbana.

- Ahora bien, ¿hay posibilidades reales de plantear este último tema, así como la división de la provincia de Buenos Aires?

-En algún momento la Argentina tendrá que abordar todos estos debates. Algunos son complejos. Sé que son difíciles. Enseguida te meten el mote de xenófobo. Pero no se puede seguir haciendo cargo del ajuste social de todos los países limítrofes. La Argentina, a pesar de su decadencia, paga la AUH, educación pública, alimentos, salud pública. Es un esquema muy complejo cuando en esos países no tienen nada. Desde el punto de vista de las políticas sociales, la Argentina sigue siendo un imán para todos estos inmigrantes pobres que vienen al país. Y no es que vienen al país, vienen al conurbano de la provincia de Buenos Aires. 

-Eso es lo que plantea en su libro “Capitalismo o pobrismo”.

-La ideología del pobrismo de la cual forma parte la Iglesia no permite que la gente tenga oportunidades laborales. El mundo de la pobreza también es funcional a un modelo político económico, aun cuando se empezó a demostrar en la última elección lo contrario. Se empezó a caer eso de que es bueno ser pobre y de que con los planes se contiene y con eso se logra una clientela electoral que permite ganar elecciones.

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Redacción Mayo

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